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Reseña de “Voz” de Elisabetta Bagli

El día de la publicación de Voz  el 20 de octubre 2015 en la Editorial con el editor, poeta y escritor Pablo Méndez
Reseña de “Voz” de Elisabetta Bagli

Cristina Coriasso Martín-Posadillo
Profesora de Filologia italiana en la Universidad Complutense de Madrid

Libro edito por Ediziones Vitruvio – Madrid
Colección Baños del Carmen
ISBN 9788494454165

La voz de Elisabetta Bagli irrumpió no con menor sorpresa para ella misma que para sus allegados con este conjunto de poesías que ahora se presenta aquí ampliado con algunas nuevas composiciones recogidas bajo el epígrafe “mujeres”. Una voz valiente y sencilla, que no es ingenua e inconsciente respecto de los avatares que la poesía anti-novecentista y neo-vanguardista ha recorrido prohibiendo un trasnochado y mortecino “yo” lírico;  una voz que se sabe precaria y frágil y que sin embargo, de esa misma debilidad retrae su fuerza y su inspiración. Un voz que se reconoce en su femenina diferencia emanando cristalina y natural como agua subterránea mucho tiempo retenida, tanto como la propia vida que no se ha revelado a sí (Voz); una voz en crisis que se hace voz de la crisis y se recorre en las heridas corporales y psíquicas que con la poesía salva y limpia  para sí como mujer y para la mujer que entre en sintonía con su voz. Desde la depresión oníricamente descrita en La fosa, pasando por el efecto triste de la falta de confianza primordial en el amor incondicionado que merecemos (Bulimia), hasta el misterio bello, apabullante, radical del parto, (8.46), todos los surcos de vida que Elisabetta Bagli plasma se dejan casi respirar y tocar en su poesía. En ella se produce ese milagro que nos exige hoy nuestro descontento y cansado oído de lectores de poesía, una casi prosa que tiene, en ese límite fronterizo, música (Tu tierra).
Es cruenta la poesía de Elisabetta porque no disimula nada, “no tiene miedo de ser risible” y porque responde a una necesidad no acallable y por demasiado tiempo acallada:
“No escribir más es morir por dentro,
y tú no puedes”
La poesía de Voz es por tanto lo contrario de la melancolía, como duelo por algo desde siempre perdido,  que paraliza y hunde: es, como nos revela en La Fosa un presente que se ama y que nos concede ese algo de ilusorio, en sus dos parádójicos sentidos, como engaño y necesaria fé que nos empuja, como dice la nuestra poetisa, a “seguir subiendo escaleras”.
En esa elevación nuestra poetisa, que no poeta, y con ello recalcamos el aspecto femenino y diferencial de su hacer, explora la raíz del dolor, del perfeccionismo mal entendido, (Alma pefecta) del vestido blanco que cierta moral nos inculca ahogándonos (El vestido); del hecho brutal de que solo perdiéndolo nos acercamos al ser amado, pues la vida impone una compañía solitaria y árida (Soledad) que la mujer, tras mil avatares, puede quizá convertir en una soledad acogedora y poblada de amor. Esto se vislumbra en la  poesía Amor y Psique, que como una escultórica visión, nos pone ante los ojos el mito.
Mientras “Miradas” nos trae las dos almas de la poetisa, en su Roma del recuerdo (Fiesta de’ Noantri, Garbatella) y su España del presente (Los Fuegos de Santander y Aire de Madrid) en “Mujeres” se abre una nueva estación pues aquí, en el uso de una rima estereotipo, en la mezcla de lo cotidiano y lo ancestral, la poetisa defiende su imagen, numinosa y rutinaria, de las mujeres que la pueblan y preocupan, (como en Cíclico, El don, Mas allá), denunciando el sometimiento en su espécimen más evidente, el de la prostitución (Quizá… mañana), que, alegóricamente, vale para otras violencias, y alcanzando una visión cosmi-cómico:
“Mujeres inconscientes
construyen el universo”
Hasta llegar, de acuerdo con la profunda fe que la acompaña, a poesías con un toque epífánico medieval, del todo sincero: , dedicada a la Virgen y a las madres, una virgen renovada y personal que se nos muestra viva.
Se versa en sus versos Elisabetta Bagli y por eso le es dado un lugar entre las voces. El suyo no es un andar a tientas ni es una repentina iluminación, es una lucha en la que poetisa y poesía se van tentando, buscando y hallando y le auguramos muchos mayores caminos, para que su voz resuene como el agua que fluye y no se estanque en el ánimo sino que toque la luz y de su luz aclare también nuestra experiencia.

Cristina Coriasso Martín-Posadillo

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